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Redes cumple 10 AÑOS!

Se cumplen diez años desde que, después de varias noches de insomnio, buscando una salida a mi frustración, me lancé a la aventura de realizar mi trabajo asistencial en el entorno privado para desarrollar el modelo sistémico en el proceso terapéutico.

La búsqueda se había iniciado mucho antes, en la facultad de medicina, tras la licenciatura, cuando al escuchar los síntomas de mis pacientes mi comprensión de lo que les ocurría era enormemente limitada. No encajaba el mapa del modelo biomédico para entender la complejidad de lo que ocurría en su cuerpo, ni tampoco a lo que ocurría entre ellos y yo. Me sentía completamente ciego y limitado.

Lo atribuí a una falta de preparación y práctica. La realización de la especialidad de Medicina de Familia, me aportó seguridad en ese modelo biomédico, como para disminuir mis dudas ante la gravedad y la orientación de los problemas físicos. Pero con esto conseguía resolver como mucho, un tercio de lo que se me presentaba. Las dudas y la ceguera se mantenían en una gran cantidad de cuestiones. Por qué no hay respuesta al tratamiento, Por qué este síntoma no encaja con ninguna enfermedad, Por qué esta persona consulta tantas veces por problemas aparentemente banales, … Me iba haciendo consciente de que había necesariamente algo de orden superior que conectaba todos los síntomas y su expresión. También, simultáneamente, intuía que mi propia desconexión de los demás, y mis cuestiones pendientes con mi familia de origen, formaban parte de esa ceguera.

Y seguí buscando, y en el camino me encontré un artículo sobre la lectura del genograma, (Like, McGoldrick, 1988)   y un libro que hablaba de la familia en la práctica clínica (Crouch 1987) y ahí tomé por primera vez contacto con el Modelo Sistémico. Se abrió un mundo enorme de nuevas dimensiones, en el que se ampliaba la mirada, un mapa en el que encajaban de una forma dinámica, divertida y apasionante, todas las variables relacionales, de comunicación, físicas, emocionales, de una forma descriptiva y sin juicios. Por supuesto, descubrí también muchas cosas acerca de mí mismo y se movieron mis relaciones y mi vida.

Empezó un frenesí de estudio en el que bebía y bebía con ansia de la fuente sistémica. Descubrí la “piedra filosofal”, el santo grial que iba a dar respuestas a todos los problemas con los que tuviera que lidiar. Me formé con el Centro Kine de Barcelona y posteriormente realicé el Master de Terapia Familiar de la Universidad de Alicante. Y en todo ese proceso de adquisición de conocimientos y de inmersión en este mundo ya estuvo conmigo mi compañera Fuensanta.

Con ella, trabajamos intensamente en el Servicio Público de Salud de Murcia y el resto de España, para introducir el modelo en el sistema sanitario, desde la formación y la asistencia. Queríamos introducir cambios en ese sistema de salud para desarrollar un modelo de atención integral, que ampliara la visión del modelo biomédico a otro que incluyera todos los aspectos del ser humano (físico, emocionales, intelectuales y espirituales) para integrarlos, y relacionarlos con los aspectos sociales (familiares, laborales, ..) convencidos de que la conexión entre las partes lleva a la coherencia y la unión, y ésta a la salud. Fueron muchas las horas de docencia, muchas las personas a las que les encajó el trabajo. Muchas las discusiones entre nosotros y las horas de elaboración de un modelo docente coherente con los contenidos que mostrábamos.

Sin embargo, los sistemas tienen vida propia, más allá de las personas que los conforman. La Organización del Sistema de Salud, a pesar de lo generoso que fue con nosotros al permitirnos un espacio en el que desarrollar y proponer nuestro trabajo, seguía basada en la asistencia al síntoma, a la enfermedad desde la separación de las partes, la especialización, la no colaboración entre profesionales….

Yo volví a la actividad asistencial en un Centro de Salud, y me ví sometido de nuevo a la frustración de no ser capaz de convencer a mis compañeros y a muchos de mis pacientes de la necesidad de un enfoque más amplio. Esta vez, mi frustración no provenía de no ver, sino de ver y no poder actuar.

Y en ese momento nació Redes. En esa búsqueda de un espacio de libertad para crear las circunstancias para que fuera posible la validación del modelo, en mi mundo profesional.

Inicialmente, lo único que hice fue alquilar un despacho en el Centro de otro profesional, para atender a pacientes que me quisieran derivar. Una fantasía más que una realidad. No lo hubiera conseguido así. Pero el Universo y Fuensanta, conectados, se pusieron de acuerdo para elegir a la persona adecuada a la que alquilar el espacio, y para que ésta , al irse a las pocas semanas y dejarme solo en el Centro, me diera la opción de tomar ese hecho como una señal y lanzarme a ampliar mi enfoque de una consulta a un Centro más amplio, en el que ensanchar la perspectiva y ofrecer también formación y trabajo con grupos. Esto eran “palabras mayores” pero era un proyecto real y posible.

Nos entregamos a crear un espacio físico agradable, armónico, con una imagen corporativa coherente (de nuevo mérito de Fuensanta) y a buscar ingresos extras para financiarlo (mérito mío). Durante dos años trabajé pluriempleado, lo que me daba la libertad de no necesitar el rendimiento económico del Centro. Iniciamos nuestros primeros cursos de formación, buscando la acreditación de nuestro querido Sistema Público, al que tanto debemos, y de otras entidades, como la Universidad de Murcia. Y fueron llegando pacientes y familias.

En estos diez años, hemos realizado siete ediciones de nuestro curso de Nivel 1, tres ediciones del Curso de Nivel 2 y otras tres del Curso de Metavisión, así como cuatro cursos del Curso de intervención en procesos de duelo, con la participación de un total de más de 120 alumnos, que son nuestra voz por el mundo. Hemos atendido a cerca de 1000 personas en terapia. Y me siento orgulloso y agradecido de tantos momentos únicos vividos por crear espacios de seguridad y confort en el que transformar la realidad vivida como restrictiva en otra con mayores opciones para ser vivida desde la libertad, la responsabilidad y la conexión desde el amor.

Redes es un sistema en crecimiento y evolución, y tiene vida propia también. Va ya mucho más allá de mis intenciones iniciales. A la ya habitual colaboración de nuestra amiga y coterapeuta Inmaculada Rodríguez, se han añadido de forma más reciente nuevas incorporaciones al Equipo. Los llamados “junior”, que han aportado vitalidad y energía, así como nuevas perspectivas y actividades. Son Irene Hernández, nuestra terapeuta corporal que trabaja de forma permanente con grupos y terapias individuales desde el mapa de cinco ritmos. Lucas Narambuena y Antonia Ruiz, psicólogos clínicos, y responsables de los grupos de Desarrollo Personal Sistémico, de los que ya llevamos dos ediciones realizadas y con los que todos estamos creciendo.

En la fiesta de inauguración de Redes, hace diez años, un amigo me preguntó. ¿Y para qué te has metido en esto? ¿Qué quieres conseguir? Le contesté: te lo diré en un tiempo. Ha llegado, ese momento. Redes es para mí el lugar en el que he curado mi frustración, me he equilibrado, he dejado de luchar; en el que he podido validar un modelo de trabajo en la relación terapéutica, mi grano de arena en la mejora de la humanidad y, al compartirlo, me nutro y crezco también.

Muchas gracias a todas las personas que nos habéis acompañado en este camino y lo habéis hecho posible…

Roger Soto Calpe– Director de Redes

Comentario (1)

  • Yolanda diciembre 29, 2015 - 10:41 am Reply

    Cómo me emociona leerte Roger. Me estremezco plenamente, por ti y por esta humanidad que recibimos y recogemos tu creación y tu grano de arena. Felicidades, enhorabuena y gracias por Redes, su historia, su desarrollo, su contribución y generosidad, su equipo y su proyección.
    Será un placer participar de la fiesta de aniversario.

    Un gran abrazo.

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